
Los acontecimientos de los últimos meses como la crisis económica, el calentamiento global, la influenza humana, los terremotos y tsunamis en oriente, el atraso de las lluvias y la inseguridad en el país, entre otros, nos han mostrado lo vulnerables o frágiles que somos los seres humanos.
Son muchos los fenómenos que pueden impactar la tranquilidad de los mexicanos, los aspectos económicos, de salud y de inseguridad son los más importantes. Continúa... (haga click abajo en "leer más").
Estos acontecimientos son, hasta cierto punto, naturales. En toda la historia de la humanidad ha habido épocas de problemas económicos fuertes; epidemias que han matado millones de personas; siempre ha existido, a todos los niveles, delincuencia y en algunos casos arrebatan el patrimonio a otros, como es el caso de las guerras o guerrillas.
Todos los acontecimientos nos han dejado lecciones que debimos haber aprendido; desde mi muy particular punto de vista algunas de las enseñanzas son las siguientes:
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Debemos cuidarnos más y en todos los sentidos; ocuparnos más y preocuparnos menos.
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Somos capaces de responder al llamado de una contingencia; que bueno que hay televisión.
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El gobierno y/o los medios de comunicación pueden fácilmente manipularnos a través del miedo, llevándonos a pensar o actuar en favor de algo o alguien.
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Todas las crisis económicas que hemos padecido son cíclicas, debemos estar siempre alertas y hacer reservas para cuando lleguen. No debemos perder la memoria de las crisis que hemos vivido.
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El miedo hace más grandes las crisis y nos hace más vulnerables a ellas.
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La prevención es necesaria en todos los aspectos familiares, personales y de negocios.
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Debemos informarnos bien y a fondo sobre los cuidados que debemos tener en todos los sentidos.
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Es conveniente armar planes de contingencia con un enfoque de “en caso necesario”.
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Muchos acontecimientos son predecibles; prevengamos en vez de corregir.
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El descuido aumenta el impacto negativo de los acontecimientos; no debemos olvidar nuestra historia.
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Nuestro grado de vulnerabilidad depende directamente del nivel de debilidad o fragilidad para los acontecimientos.
De antemano sabemos que la vida es un riesgo constante en todos los sentidos, pero los riesgos disminuyen cuando estamos preparados, cuando nos cuidamos debidamente, cuando tomamos medidas preventivas a ciertos acontecimientos, todo esto para eliminar o disminuir el daño de los mismos.
Nuestro nivel de debilidad depende de cómo nos preparemos para los acontecimientos y de cómo nos enfrentemos a ellos, durante y después de acontecidos.
Nuestra vulnerabilidad podemos entenderla como el grado hasta el cual somos susceptibles o incapaces de enfrentarnos a los efectos adversos de este tipo de sucesos.
Por supuesto, nuestra vulnerabilidad está en función de la magnitud de los acontecimientos y de nuestra fuerza con la que los enfrentamos.
El efecto de los acontecimientos puede ser directo o indirecto y, debido a lo diverso que es la sensibilidad de las personas, nunca alcanza a todos por igual.
Después de una crisis, de cualquier especie, las cosas deberían ser diferentes. Cada acontecimiento nos enseña algo, nos indica la forma en que debemos pensar y actuar en adelante.