Ejemplo de un abarrotero exitoso. Por: Juan José Ceballos/Revista "El Comercio Tradicional al Detalle". Diciembre 17, 2020. UneAbasto.com

Esta es la historia de Don Luis Segovia, abarrotero exitoso de la Cd. de México, que desde el principio aprendió a ver su tienda de abarrotes como un negocio y no simplemente como algo para irla pasando.

Su negocio tiene su nombre, “Don Luis”. Al principio le ayudaba por las tardes su hija Rosa, ahora de 24 años; después de salir de la escuela ella se iba a despachar a la tienda; a veces también le ayudaba su sobrino, que vivía cerca de ellos.

Platicando con él, por más de una hora, me comentó que lo que se gana con una tienda no es gran cosa, sobre todo para él que es un poco ambicioso; para que le fuera bien económicamente, pensó que tenía que ser con varias tiendas, por lo que al meterse en este negocio lo hizo con esa idea.

“Me llevó un poco de tiempo”, me contaba. “Para empezar me asigné un pequeño sueldo, siempre hay que sacrificarse un poco como emprendedor.

Posteriormente evitaba, hasta donde pude hacerlo, no tocar un sólo centavo de las ventas para cuestiones personales, ni siquiera la parte proporcional de mi sueldo, me aguantaba hasta el corte de los viernes.

“Diariamente, guardaba una cantidad de lo que yo veía que era la utilidad de mis ventas diarias, éste era dinero casi sagrado para mi, pues tenía en mente invertir mis utilidades en vez de gastarlas; las cantidades se empezaban a acumular y las visualizaba como los recursos para abrir otra tienda”.

Y, por fin lo logró, vio su sueño realizado después de un tiempo de disciplina financiera.

Cuando abrió su segunda tienda, ahora con el nombre de “Rosita”, la puso a nombre de su hija, se la cedió como franquicia mediante un contrato, “así me aseguro que me de un porcentaje mensual”; continuó diciéndome “no es que desconfíe de ella, sino que quería enseñarle a formalizar administrativa y profesionalmente el negocio, y sobre todo, que no se con qué tipo se vaya a casar, si es que se casa”.

Esta segunda tienda la abrió en la misma colonia, en un punto que él estudió detalladamente por un tiempo, y donde la gente de esa zona no tenía acceso fácil a su primera tienda.

Como franquicia, don Luis supervisaba este segundo negocio mientras el sobrino le ayudaba con el primero. Al principio su supervisión era casi diaria, por un rato, hasta que pudo ver que su hija ya lo dominaba, entonces poco a poco se fue deslindando.

El empezó a negociar mejores precios con sus proveedores, al comprar ahora el doble de mercancía obtenía un descuento.

Tiempo después, con la misma mentalidad, las mismas prácticas y actitudes diarias, y ya con sus dos tiendas logró, con su hija, abrir una tercera tienda.

Actualmente tienen cuatro negocios de éstos y aunque no se hizo rico, gana lo suficiente para vivir bien, y aunque no deja de tener “sus altas y sus bajas”, se siente orgulloso de este logro.

Platicando con él comentó, que cualquier detallista puede hacer esto, siempre que tenga una mentalidad de empresario desde el inicio o reinicio de su negocio; ésta mentalidad para él fue el trabajo disciplinado, el manejo responsable de los recursos económicos, la organización adecuada, siempre con una visión de futuro, una buena dosis de paciencia, y tolerancia a los pequeños sacrificios.

Don Luis cerró su plática con una buena receta, “la mejor medicina para la desesperación que se siente durante el periodo de crecimiento, se elimina con la buena terapia ocupacional de atender su tienda, en todos los aspectos, principalmente su clientela, sus proveedores y su gente.

Por: Juan José Ceballos/ Revista "El Comercio Tradicional al Detalle", en colaboración con Uneabasto.com. Todos los Derechos Reservados MMXX

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