Lo que aprendí como empleado. Por: Joaquín Luna/ "Revista El Comercio Tradicional al Detalle". Agosto 5, 2019. Uneabasto.com

En mi último trabajo que tuve como empleado, antes de ubicarme en el mostrador de ventas, me mandaron a tomar un curso sobre actitudes; sí, sobre las formas en que nos comportamos y tratamos a los demás, y que aplicamos diariamente en todo y con todos. “Válgame…”, algo no muy bueno han de haber descubierto en mis exámenes psicométricos.

En el curso me enseñaron y me convencieron de que cuando la gente acude a un negocio a comprar un producto o servicio, la mayoría prefiere un buen trato, a sólo ser despachado con rapidez y sin errores.

Una buena actitud, me decían, envuelve el producto o servicio que compramos o vendemos, le da más valor, lo enriquece; el cliente se va más satisfecho. Un buen trato puede olvidar fácilmente un error o falla; “el precio elevado de un producto se llega a olvidar, una mala actitud jamás”. Difícilmente regresamos a un lugar donde nos hacen malas caras.

Es cierto, la buena actitud hace más personalizado el producto o servicio, lo hace más humano. Cómo decían los abuelos “trata a los demás como te gustaría que te trataran”.

No me había percatado, pero el expositor nos habló de que la tecnología, la inseguridad, la corrupción, etc., le ha restado importancia a la parte más esencial del ser humano, el contacto afectivo.

Un “buen día”, un “que le vaya bien”, un “en un momento lo atiendo”, un “cuídese”, mejora la calidad de los productos o servicios que se venden.

Me dieron buenos argumentos de que en los negocios particulares pequeños se puede lograr esto con mejores resultados. No obstante, he visto que hasta en los principales bancos del país están haciendo esfuerzos para que salgamos con mejor sabor de boca que antes; ahora ya sonríen y preguntan ¿se le ofrece algo más?

Por: Joaquín Luna/ Revista "El Comercio Tradicional al Detalle", en colaboración con Uneabasto.com. Todos los Derechos Reservados MMXIX

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