Transformers humanos. Por: Juan José Ceballos. Abril 10, 2018. Uneabasto.com

La mayoría de la gente somos propensos a transformarnos de una manera o de otra, por alguna u otra razón.

La característica principal de un transformer es que puede convertirse en cualquier cosa, desde un robot hasta una nave espacial o en un avión; en todo caso esa transformación le da poderes.

Cuando las personas nos transformamos, no aumentamos de tamaño, aunque sí de expresión; nuestro rostro refleja el cambio de personalidad, la mayoría de las veces en algo que no somos generalmente.

A la mayoría de nosotros nos pasa, que ante ciertas situaciones, cambiamos, a veces pausadamente y a veces de un segundo a otro; de ecuánimes o alegres a enojados, tristes o pesimistas.

¿Pero, qué tipo de transformaciones tenemos y qué es lo que, a muchos, nos hace transformarnos?. Cuando no es por el alcohol, café o por alguna droga que ingerimos, generalmente es por cuestiones emocionales simplemente (problemas, provocaciones, tentaciones, frustraciones, etc.), por nuestra falta de control sobre éstas. Otras veces es por problemas orgánicos, alguna enfermedad, por ejemplo, o hasta algún malestar digestivo.

Desde una copa hasta media botella, el alcohol nos transforma proporcionalmente a la cantidad ingerida. Desde el momento que sacamos una cerveza del refri o nos la trae un mesero, con la alegría que sentimos al verla inicia la transformación; por placer que sentimos al saborearla, desde el primer trago nos conecta a mejores emociones, y conforme aumentan los tragos, va aumentando la transformación.

Ya con varias cervezas, nos ponemos más alegres; empezamos a ver el mundo y a nuestros problemas de manera diferente; y así, hasta que nos sentimos muy valientes.

A algunos, ya pasados de dosis, el alcohol los transforma totalmente; dejan de ser lo que son normalmente y se vuelven agresivos o impertinentes; a algunos les da por hablar mucho, a otros les da sueño, y a algunos hasta les da por “salir del closet” temporalmente.

Pero el alcohol no es malo, relaja, ayuda a la digestión y a la circulación sanguínea, etc. Con poco alcohol, la transformación es positiva, a algunos los vuelve transparentes, honestos, hasta tiernos y cariñosos.

El peligró está, ya lo hemos oído muchas veces, en la cantidad que se ingiere. La frecuencia de los excesos, como en todo, crea adicción; es como en el caso de las parejas; cuando estamos muy enamorados u obsesionados, no podemos vivir sin ellas y sólo esperamos el momento de disfrutarlas.

Lo mismo sucede, y con mayor riesgo, con las drogas prohibidas.

Pero ¿qué pasa cuando nos hacen enojar?: perdemos el control, explotamos, nos volvemos impulsivos y hasta tomamos decisiones equivocadas y peligrosas para uno mismo y para otros.

En otros casos, cuando tenemos mucha hambre nos desesperamos y sale el otro yo, hasta nos llegan a decir “no eres tú cuando tienes hambre”.

Enojados, llenos de ira, sin darnos cuenta, nos transformamos, somos otra persona: odiosa, peligrosa, y hasta muy peligrosa; exponemos nuestro lado oscuro. En estas ocasiones estamos actuando con nuestra parte animal, respondiendo por instinto, usando sólo nuestros cerebros reptiliano y emocional.

¿Por qué sucede esto último? Nuestra falta de autocontrol y nuestro temperamento nos hace querer controlarlo todo y al no poder, explotamos.

Y a ti, ¿qué es lo que te llega a transformar y como actúas en cada caso?

Por: Juan José Ceballos/ Revista "El Comercio Tradicional al Detalle", en colaboración con Uneabasto.com. Todos los Derechos Reservados MMXVIII

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